Y ten por sabido
que aunque sometida me veas
tantas veces como estrellas
no habrá jamás más esclavo que tú.
De buen gusto confinado
en una prisión de barrotes de carne
de la que a veces reniegas
y siempre reincides.
Sabes que jamás serás tan feliz
como cuando toda tu vida
giró en torno a mí.
Y en mi ausencia o mi hastío
que temprano surgirán
porque mi feroz pasión
siempre es fruto del capricho.
Tú sufrirás.
Y lo harás de tal manera
que todo el dolor antes soportado
ya no podrá considerarse como tal.
Porque lo que quizá no sabes
es que al igual que yo
no crees en el amor
pero en lo que sí creerás,
es en mi animal.





